El Liberalismo liberal progresista y la modernidad
El pensamiento liberal siguió por el mismo sendero. El siglo XVIII no es sólo despotismo ilustrado, racionalismo y neoclasicismo. Coexisten con estas tendencias dominantes las corrientes deístas y místicas, que reivindican el valor de los sentimientos y de la pasión. El siglo XVIII fue heredero del aprecio de lo irracional, lo sentimental y la valoración de la sensibilidad humana, con lo cual se identificaba el siglo XIX. Por un lado, la Ilustración liberal heredó del Renacimiento una reordenación del mundo y el ímpetu por el progreso de las ciencias. Todo ello era necesario para acabar con la metafísica, los prejuicios, la superstición y exponer la relatividad de las costumbres que se respetaban como verdades reveladas.
La Ilustración cumplió su tarea: conceder al hombre el poder de cuantificar, controlar, conquistar la naturaleza y dominarla, en un sueño de progreso hacia la felicidad. Pero los pensadores ilustrados impusieron límites al conocimiento: ante la imposibilidad de conocer la cosa en sí, sólo se interesaban por el conocimiento de los fenómenos, de la realidad sensible, considerando que aquello que nuestros sentidos no pueden concebir no tiene ninguna utilidad. La modernidad liberal progresista sustentó su proyecto en las cualidades materiales de los objetos (unidad, variedad, regularidad, orden, proporción), más que en la sensación que producen éstos en quien los contempla.
La palabra liberal procede de distintas ramificaciones, empero, éstas se levantan sobre la noción de libertad. Las variantes del liberalismo buscan el poder o teorizan sobre él; son revolucionarias o conservadoras; ambas tienen un sentido práctico y una antipatía por las verdades absolutas; presentan mayor claridad en lo que rechazan que en lo que desean. El liberalismo no se marca un objetivo, se marca un camino sin fijar una finalidad. Cuando el liberalismo buscó un objetivo preciso, encontró su declive.
Los liberales tienen dos cosas en común: por una parte, la aceptación de la estructura fundamental del Estado y la economía. Por otra parte, la aprobación de que el progreso reincide en la liberación de la mente y el espíritu humano de los lazos religiosos y tradicionales que los unían al viejo orden. El ethos del liberalismo está en la emancipación individual de todo orden establecido. La formación de lo que más tarde, de manera genérica, se llamaría liberalismo, se produjo al mismo tiempo que los cambios sociales y económicos que alumbraron nuestra civilización actual. Si las alteraciones materiales y mentales se retroalimentaron, habría que remontarse hasta una primera ruptura clara del viejo orden señorial, para encontrar el origen del nuevo ideario. La libertad es sólo un aspecto en la vida del hombre. El liberal valora la mente, su existencia, autonomía, y no se sujeta a autoridad alguna, salvo que la autoridad sea legítima y aminorada por algún esquema de representación, como bien podría ser una república.
En un sentido moderno, el liberalismo privilegia la libertad sobre la autoridad, la soberanía y las leyes emanan exclusivamente del pueblo. No hay una norma fija e inmutable: las leyes son las respuestas a las necesidades y las necesidades cambian en un proceso histórico de progreso. Los europeos continentales localizan este punto en la Revolución francesa. El progresista se mueve en su visión del futuro y lucha por el cambio. El liberalismo europeo demuestra diferentes mentalidades nacionales, pues se creó una particular conciencia liberal.
En las dos formas típicas del liberalismo, la inglesa y la francesa, encontramos argumentos inconciliables durante el siglo XVIII. El proceso inglés se orientaba a la democratización y racionalización, mientras que el proceso francés se inclinaba a una orientación histórica y a particularizar su contenido racional durante el transcurso del siglo XIX. No obstante, el liberalismo los llevó a disminuir sus diferencias. La primera causa que planteó la necesidad de pacificación del conflicto es la antítesis que se presenta entre la libertad en singular y las libertades en plural.
Dos sistemas políticos representaron esta fórmula. Uno hace de las libertades un conjunto de franquicias y de dispensas particulares, conquistadas una a una, con autonomía de toda fórmula conceptual que las unifique y las relacionen unas con otras. El otro hace de la libertad un ente de razón, un concepto que quiere llegar a la esencia de la personalidad humana por encima de toda contingencia histórica y empírica.
Para los franceses de la época revolucionaria, las libertades de las que los ingleses estaban orgullosos no eran más que privilegios de una minoría, que dañaban a toda la comunidad. El complemento era una esclavitud, en contra de la verdadera libertad que constituye la esencia misma de la personalidad humana. Para los ingleses, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789 es un principio abstracto y carente de toda garantía y sanción práctica; destruye privilegios irracionales e injustos, todas las garantías y las sanciones que la historia ha creado. Hace a los individuos un agregado de átomos similares e indiferenciados, sobre quienes puede cómodamente dominar el despotismo.
La modernidad liberal inglesa se hizo presente con Robert Filmer (1588-1653), Thomas Hobbes (1588-1679), John Locke (1632-1704), Thomas Paine (1737-1809), Jeremy Bentham (1748-1832) y John Stuart Mill (1806-1873).
En Francia, las ideas del liberalismo fueron de René Descartes (1596-1650), Charles Louis de Secondat y Barón de Montesquieu (1689-1755), François Marie Arouet (1694-1778), más conocido como Voltaire, Denis Diderot (1713-1784), Jean-Baptiste Say (1767-1832), Charles-Jean Baptiste Bonnin (1772-1846), Émile Durkheim (1858-1917), Henri-Benjamin Constant de Rebecque (1767-1830).
En Escocia, el liberalismo estuvo representado por David Hume (1711-1776), Adam Smith, Douglas Junior (1723-1790) y Adam Ferguson (1723-1816).
En el liberalismo alemán destaca Johann Heinrich Gottlob von Justi (1717-1771). Por su parte, aunque a Max Weber (1864-1920) no se le considere un pensador liberal, pues racionalizó la explicación de la acción social, los tipos ideales, la dominación y el Estado, es un muy buen ejemplo de liberal.
La herencia europea de los intelectuales liberales fue matizada en Estados Unidos por James Madison (1751-1836), Thomas Paine (1737-1809), Thomas Jefferson (1743-1826), Thomas Woodrow Wilson (1856-1924), Frederick Winslow Taylor (1856-1915) y por Frank Johnson Goodnow (1859-1939).
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